Tiempo de crisis, tiempo de cambio

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Por mucho que nos auto convenzamos  de que hagamos lo que hagamos no vale para nada, por mucho que la mayoría prefiera que piensen por ellos antes que pensar por sí mismos, no me resigno. Lo primero no es cierto, cuando la ciudadanía se ha unido ha cambiado cosas, el problema es que ocurre muy pocas veces pero ha ocurrido y sigue pasando, solo se trata de hacerlo más común y más a menudo, de conseguir que seamos más los que nos impliquemos en aquello que nos afecta. La política es cosa nuestra, es cosa de todos y mirar a otro lado es solo síntoma de incultura, borreguez y resignación. No estoy por la labor y cada vez somos más. Sobre lo segundo, ¡podemos cambiarlo! Hay que denunciar a la mayoría de medios de comunicación que simplemente son voceros de los poderes, son altavoces del sistema corrupto que domina nuestro país, hay que bajar sus audiencias, hay que criticarlos privada y públicamente con la base de la reflexión y del análisis. No seamos vagos, no caigamos en la trampa de la complacencia que este sistema corrupto neoliberal nos inyecta en vena con cada anuncio, informativo o periódico.

 

Semanas atrás Rajoy mintió con una desvergüenza de aquel que está convencido de la bisoñez de la sociedad, del miedo a pensar, de la resignación de ese ‘populacho’ que no merece los sobresueldos que sus corruptos compañeros sí merecen porque, según él, es de justicia. ¡ES DE VERGÜENZA señor Rajoy! Usted permite que gente muera por los escalofriantes recortes sanitarios, que niños duerman en la calle por los miserables y avaros bancos, que personas se quiten la vida o cuanto menos, sientan su dignidad hundida al perder su trabajo mientras ustedes consideran de justicia cobrar sobre sueldos no declarados. Usted es una estafa, es una foto en tres dimensiones de la palabra “corrupción”, de la expresión “bajeza moral”

La crisis en España se ha tornado en una crisis moral y de valores de proporciones gigantescas. La corrupción campa por sus anchas, los políticos y banqueros evasores y corruptos viven libres de toda culpa y cuando por algún error del sistema son pillados, juzgados y condenados, se les indulta sin tapujos y sin explicaciones. Pero la enorme crisis moral está tristemente arraigada en la sociedad, una que vive del hedonismos, la comodidad, la autocomplacencia y de la cobardía de mirar a otro lado.

 

Entre evasión fiscal y corrupción dejamos que se escapen más de 120.000 millones al año, cantidad que serviría para no solo echar atrás todos los recortes sino que además podría ofrecerse a la ciudadanía más protección y servicios sociales. Es dinero evadido que viene de nuestros impuestos, ¿cómo podemos quedarnos cruzados de brazos mientras nos esquilman con tanta desvergüenza? ¿Cómo podemos resignarnos mientras nos recortan derechos, salarios, servicios y hasta el agua que tenemos que beber?

 

Hace tiempo que se ha declarado una terrible guerra encubierta contra la ciudadanía que depende de una nómina, de un negocio propio o de una asistencia social, es decir, una guerra contra el 99% de la población y por ahora es una guerra que estamos perdiendo, pero no es una guerra perdida. Ahora el FMI vuelva a dar a “sabiendas” la receta de la bajada salarial como método de fierabrás con el que solucionar los problemas del paro y la recesión. Lo grave no es que se ceben con los mismos, lo tremendamente cruel y miserable es que lo hacen conscientes de que el efecto será el contrario del que predican. Y ¿por qué lo saben? Porque ya lo han probado en otros países con efectos devastadores para la población y para la economía del país. El FMI quiere una Europa, especialmente la zona Sur de Europa, de pobres, una Europa de países sin industrias y que solo ofrezca servicios baratos en régimen de semi esclavitud, como fomenta el modelo Adelson. Callarse, mirar para otro lado, resignarse, no puede ser una opción, sería tanto como colaborar activamente a favor de los poderosos.

 

Es el momento de tomar conciencia para cambiar el sistema putrefacto con insoportable hedor a corrupción, es el momento de cambiar el sistema. Hemos callado durante demasiado tiempo.

 

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