Un palo por el culo

Imagen

 

Hay algo que mediante el bombardeo incesante de los medios de “incomunicación” llevamos perdiendo de nuestra certeza existencial, sí, estamos perdiendo la noción de quiénes somos realmente. Es muy fácil de entender y difícil de percibir. Cuando por ejemplo nos preguntan por la calle si a nosotros nos obligan a vivir de una manera, la mayoría contestaría, “no, naturalmente que no, hago lo que yo considero que debo de hacer”. FALSO. Haces, hacemos, lo que el sistema quiere que hagamos, ni más ni menos. Vamos al colegio (los que podemos) y aceptamos el tipo de educación que el “Sistema” quiere que tengamos, compramos en Mercadona y en Carrefour porque el sistema quiere que así lo hagamos. Trabajamos como burros y aceptamos mil euros de sueldo o menos porque el sistema nos lo dicta. Cuando compramos ropa es el sistema el que nos dice cuáles son las cadenas multinacionales donde hacerlo, o cuando comemos e incluso cuando nos divertimos.

Lo peor de todo esto no es que ocurra, lo peor es que no somos conscientes en la mayoría de los casos. Somos como robots programados para un fin y el fin es de servir de mano de obra barata para el mantenimiento del Sistema.

No, no estoy conspiranoico, solo me limito a pensar y a reflexionar en lo que ha sido mi vida hasta ahora y llego a la conclusión a la que muchos estamos llegando. Tengo 49 años y llevo metido un palo por el culo de esos que te dejan con almorranas para el resto de mis días.

No obstante unos pocos, quizás cada vez más, comenzamos a tomar conciencia de lo que está pasando. Cada vez más somos conscientes que una clase muy poderosa, el 1% de la población, a través de una clase de lacayos, políticos, jueces, etc (otro 10% de la población), están aplastándonos un día sí y otro también con el único objetivo de utilizarnos como esclavos del sistema, haciéndonos creer que somos unos afortunados por comer de las migajas que caen de su obscena mesa de riqueza. Cada vez más somos los que protestamos y salimos a la calle con el ánimo de denunciar y luchar contra el ultraje al que la inmensa mayoría se ve sometido. Claro está que los poderosos no se quedan quietos y por eso cuando salimos y denunciamos los recortes en educación, en sanidad, en la ley de dependencia, en las rentas del trabajo, en el derecho a una vivienda digna y así un sin fin de derechos elementales, envían a sus perros bien pagados con un par de migajas más que las que la inmensa mayoría tenemos, para darnos de palos, meternos en el calabozo e incluso grabar nuestras caras con cámaras  haciéndonos llegar una multa a nuestra casa por el mero hecho de estar en el lugar incorrecto a la hora inadecuada.

Salimos y protestamos porque se está produciendo un genocidio sin parangón en la historia del hombre. Invertimos en tramos del Ave más de dos mil millones de euros para que luego sean una ruina y caiga la deuda sobre nuestras espaldas mientras con ese dinero se podían haber hecho cientos de escuelas, haber dado trabajo a miles de profesores o haber hecho unas pocas decenas de hospitales públicos bien preparados.

Salimos a la calle porque la economía pública, la que pagamos todos con nuestros impuestos y a la que muchos contribuimos por encima de nuestras posibilidades, se está ahogando. La estamos sosteniendo esa denostada clase obrera para beneficio de los bancos y de los grandes capitales del sistema capitalista que nos hunden en la misera. Es tan grande el palo por el culo que nos están metiendo que contribuimos dócilmente al mantenimiento del sistema que nos ahoga sin escrúpulos y sin importarle una mierda nuestra situación.

Pero cada vez somos más los que tenemos conciencia de lo que está ocurriendo y protestamos enérgicamente porque queremos defender nuestros derechos a una vida digna, por una vivienda digna y contra los desahucios, por una sanidad pública con calidad para que de la salud de las personas no se haga negocio, para ser un paciente y no un cliente, porque no queremos dejar morir a personas por la crueldad de no tener dinero para darle el tratamiento adecuado. Salimos porque queremos una educación pública y de calidad, con medios, inversión y sin adoctrinamientos ideológicos. Porque no queremos mendigos y pobreza y sí que todos tengan el derecho de una vida digna y de un sistema de protección social que no deje en la miseria a millones de ciudadanos.

Estoy harto, no quiero seguir callado sin al menos levantarme de mi sillón de mil eurista y protestar por el palo en el culo que me están metiendo a mí y millones como yo.

Es vital que tomemos conciencia de quienes somos y por qué estamos así. Somos la clase obrera, somos la inmensa morralla que el Sistema quiere utilizar para su riqueza. Nos tienen sometidos, controlados por el miedo y nos narcotizan con fútbol, Belén Esteban y con alguna cesión a la crítica para hacernos creer que somos libres y que nadie nos utiliza y nos aplasta.

Estoy cansado de escuchar a Rajoy decir que “sabe lo que tiene que hacer”, cansado de que nos hagan creer que hacen lo que deben hacer y encima que nos vendan la moto de que es por nuestro bien, pero si cobrar sobresueldos, si privatizar lo de todos para que sus amigos poderosos hagan negocio, si pagar la deuda ilegítima que solo ellos han construido para placer de los grandes bancos dejándonos sin vivienda, salud y educación y manteniéndonos acojonados bajo la amenaza del paro o de la cárcel es lo que deben hacer, entonces ya estamos tardando en salir a la calle a protestar y a demostrarles que la gran masa “está despertando”

Somos la clase obrera, ni más ni menos, tenemos que ser conscientes de nuestra realidad y del palo que llevan apretándonos contra nuestras santas posaderas. Solo tomando conciencia de lo que somos podremos comenzar a sacarnos el palo que tanto sufrimiento nos causa, solo así podremos comenzar a luchar por nuestra verdadera libertad.

 

Anuncios