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Nadie dijo nunca que lo fuera

No es fácil, pero nadie dijo nunca que lo fuera. Cuando te levantas todas las mañanas no queda otra, hay que abrir los ojos, dar órdenes a nuestro cuerpo para que se mueva y vivir, sí, hay que vivir cada minuto y cada instante como si este fuera el último momento que nos queda por respirar. Ya te dije que la vida es como un mar embravecido con periodos cortos de tranquilidad, son esos los especiales, los que permiten disfrutar de todo a nuestro alrededor, pero todo es mar, todo es vida.

Lo malo es cuando pasan días y más días y no hay forma de que paren las olas, a veces las fuerzas fallan y el ánimo decae pero te vuelvo a decir lo mismo, ¡nada es fácil!, los hombres nos hemos empeñado en hacer de nuestro paso por la vida, un erial con pozos salpicados en el camino y distantes unos de otros, pero cuando encuentras uno… ¡vaya! ¡sí que merece la pena!

No solemos entendernos, lo sé, es más creo que nunca lo hemos conseguido, pero es curioso cómo y a pesar de la sempiterna incomprensión seguimos aquí, juntos, pegados culo con culo, inseparables,  conscientes de nuestras diferencias. Imagino que poco se puede hacer para cambiar esto que parece nuestro destino, tú invisible, yo siempre escribiendo, los dos siempre acompañándonos, hablándonos, discutiendo y enfadándonos como dos adolescentes que nunca terminamos por aprender la lección. Creo que nunca hemos terminado de crecer, ¿no te parece?, tu idealista y soñador, siempre esperando que lo que es justo se realice, que lo hermoso brille para siempre, que el bien aplaste al mal como en un película de héroes y villanos en la que el amor y la honestidad vencen ante cualquier prueba. Yo voy de racional por la vida, de realista y todas esas tonterías que no sé muy bien si van conmigo y ¿sabes?, lo más curioso de todo es que siento como tú pero nunca me he atrevido a reconocerlo. Creo que soy como un Cyrano de Bergerac que deja que sus sueños, esperanzas, amores e ilusiones sean vividos por otros, solo me atrevo a ponerles palabras y dejo que sean otros quienes las vivan.

Siempre lo he dicho, soy un imbécil y no aprenderé nunca. Creo que en el fondo más oscuro de mí, en las mazmorras de mi alma lo que hay es envidia, envidia de la mala, esa que me corroe porque quiero ser como tú y no puedo, o no sé, o no me atrevo o simplemente no valgo para ello.

Ya es muy tarde, siempre terminamos soltándonos rollos que no nos llevan a ningún sitio porque tú serás siempre de una manera y yo de la contraria. La verdad es que desahoga poder hablarlo pero poco más, o no, quizás sea mucho más, al final siempre termino sabiendo que no puedo parar, que debo dejar que la luz entre por el iris de mis ojos y active el ánimo para vivir, no es fácil pero nadie dijo nunca que lo fuera, ni siquiera tú.

 
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Publicado por en 28/01/2012 in Relato Corto

 

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Dura realidad

Me cuesta mirar las noticias, ¿para qué?, ¿para ser más consciente de lo que ya soy respecto de la realidad que nos domina?. Ha tenido que llegar una crisis como esta para que los mercados, esos espectros financieros que pululan por el éter social, nos digan que de democracia real nada y que siempre que puedan, cambiaran gobiernos colocando a sus adláteres en los puestos de dirección. Llevábamos más de 30 años engañándonos y ahora se presenta la realidad en su más cruda imagen, pobreza, decadencia de derechos y lo más triste de todo, resignación de la mayoría.

Hace tiempo leía sobre las hambrunas causadas en el mundo por culpa de la especulación sobre materias primas (maiz, cacao, trigo, arroz, etc) y ahí aparecen de nuevo Goldman Sachs y compañías similares que impúdicamente se están lucrando mientras llevan el hambre y la muerte al mundo, con solo apretar una tecla. ¿Y cuándo hemos comenzado a reaccionar mínimamente? cuando a nosotros, los pijos y mal acostumbrados occidentales nos han comenzado a recortar nuestros derechos, ahora sí, ahora gritamos, ahora nos cagamos en todo lo que se menea para terminar finalmente con una mayoritaria resignación.

La vida solo merece ser vivida por ese micromundo que todos tenemos, nuestra gente, aquellos a los que queremos y nos quieren y que cuando vas haciéndote viejo concluyes que se reducen a unos pocos, muy pocos en comparación con la ingente cantidad de personas que han pasado de perfil en tu vida. Cuesta seguir cuando reflexionas, cuesta no suspirar cuando analizas mínimamente lo que ocurre en este mundo pero, se sigue, se vive, se camina, aunque solo sea por inercia, por los empujones que otros, más fuertes o más inconscientes, te dan para que no te quedes en una cuneta de la puta vida que nos ha tocado vivir.

Continúo, tirando a trompicones pero tirando, no sé si hasta que alguien se canse o hasta que yo no pueda más pero la vida continúa y todavía quiere que siga aquí, sintiéndola de lleno, mirando su peor cara, con la contraprestación de momentos maravillosos que como combustible escaso pero de incalculable valor me permite caminar y esbozar una sonrisa y proyectar nuevas ilusiones. A veces llego a la conclusión que soy yo, que yo tengo un problema, que el mundo es como es y que soy simplemente un eterno y recalcitrante inadaptado. ¡Puta vida!

 
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Publicado por en 24/01/2012 in Artículos

 

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Enfocando

Ya me lo veía venir aunque borroso, pero lo veía venir. Los años pasan aunque nos duela como un desgarro en las partes pudendas y en mi caso, en fin, no voy a ser menos. Que si pierdes velocidad en los ejercicios físicos, que si una arruga por aquí, una lorza asomando impúdicamente en la linea de flotación, que si una cana en el pelo, tres en la barba y ya por fin, sin remedio ni solución, una de mis Numancias inconquistables terminó por ser derrocada. He presumido durante mucho tiempo de ello, de ser el único de la familia que no las usaba, manteniendo una mirada directa, yo diría que casi virgen, pero al final llegó, he terminado siendo un gafotas como cualquier hijo de vecino. Tengo “presbicia” que no es precisamente el nombre de una monja de clausura sino lo que en román paladino conocemos como vista cansada.

Me siento como si hubiesen conquistado mi último bastión de juventud, como si ya la resistencia hubiese tocado a su fin y que desde ahora la edad no solo irá reflejada a fuego en mi DNI, también los signos externos de mi físico hablaran por si solos y me delatarán allende los mares. En fin, como diría el bueno de Rick en Casablanca, “siempre nos quedará el pelo”…, digo París.

A mis 47 años he vuelto a experimentar cosas nuevas y aunque cansado por yo no sé qué historias de las putas células (hablaré con Punset sobre esto en cuanto pueda), no dejo de darme cuenta que no tengo vida suficiente para vivir todo lo que queda por vivir.

Sujetando mis estilosas gafas en mi peculiar nariz he vivido las tristes sensaciones de decir adiós a compañeros que han sufrido lo que yo sufrí en algunas ocasiones, el despido. ¡Vaya forma de estrenar mis gafas!. Hoy ha sido un día duro, pesado, lleno de sentimientos contradictorios pero con una pena y desazón que me desgarraban durante algunos segundos, para calmarme y sonreír por esa extraña sensación navideña que parece obligar a estar feliz aunque estés viviendo casi un martirio.

¡Qué bien me han venido mis gafas vintage!, ¿se escribe así?, bueno es que ahora se lleva el estilo de años atrás con cierto toque artístico y, en fin, con mis vidrios sobre la nariz he podido disimular algunos nudos en la garganta que se traducían en ojos de amargura.

He visto a compañeros consolando a otros, abrazados ante la triste noticia de su despido a causa de esta puta crisis económica que nos atenaza. Les acariciaban el brazo, les consoloban y francamente, aunque parecían sentidos y tristes, en algunos ojos se dejaban entrever el alivio de no haber sido ellos los despedidos. Y ahí estaba yo, presidente del Comité de Empresa, explicándoles qué podían hacer e intentando ofrecerles un consejo y un consuelo que se antojaba inútil y vacío.

La vida no deja de darme sorpresas, algunas amargas, otras hermosas y no sé, pero tengo la impresión que el próximo año voy a tener más sorpresas, algunas probablemente me dejarán sin respiración. Y ahora mejor que nunca haré caso de una frase que he tenido que buscar porque no sabía exactamente cómo era y que viene a decir:  ”No desperdicies la oportunidad de utilizar distintas gafas para contemplar un mismo problema”. Hay que saber ver la vida a través de muchos cristales porque si no, perdemos la perspectiva. Mientras tanto mantendré mis gafas bien limpias para ver mejor lo que ocurre alrededor y, dicho sea de paso, no pegarme ningún castañazo contras alguna farola despistada.

Feliz Navidad.

 
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Publicado por en 22/12/2011 in Fíjate tú

 

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El lenguaje de los cuerpos

Entré en su habitación y allí estaba, sentada, con la mirada perdida. Mi presencia casi le pasó inadvertida hasta que torpemente golpeé una silla y miró, no sin cierto sobresalto, hacia donde yo estaba. Me sentí como un elefante en un jardín por haberla molestado de esa manera pero al mirarme, con sus pequeños ojos negros, me dijo que no temiera nada, que se alegraba de verme, me lo dijo sin palabras pero yo, sin saber cómo, sentí por primera vez que podía escuchar los silencios de las miradas.

Me acerqué a ella procurando estar más atento en mirar dónde pisaba, perdí toda mi naturalidad al caminar pero tan solo cinco pasos más y podría estar sentado delante de ella y así comenzar a hablarla, quería saber cómo estaba, qué sentía, qué pensaba.

Estaba reclinada en un sillón espacioso de color blanco hueso. Al mirarla ella proyectó sus pupilas sobre mí y vi unos hermosos ojos negros tristes y sin brillo anunciando que se ahogaban en el océano de sus contenidas lágrimas. Según me miraba su expresión se tornaba más dulce, más amable y me volví a dar cuenta que mi presencia le ayudaba. Me lo dijeron sus ojos, me lo advirtió su mirada. Estábamos en frente, uno del otro, sin pronunciar ninguna palabra.

Al seguir mirando comprendí su tristeza, entendí de su añoranza, me di cuenta que algo le faltaba y sus ojos me lo contaban. Me volvió a mirar y sin palabras me dijo qué me necesitaba y yo, orgulloso y feliz de poder ayudarla, me encontré escuchando a sus ojos, conversando con su mirada.

Bajó sus pupilas hacia al suelo y al incorporarlas nuevamente se perdió a través de la ventana. Intenté hablarle con mis ojos pero no capté su mirada y entonces mi mano, casi sin poder dominarla, se acercó a la suya y la estrechó con toda el alma. Me agarró con tanta fuerza que la sangre no brotaba pero sus manos, me dijeron que me necesitaba. Y fueron sus manos las que me dijeron que no podía más, que no encontraba salida, que se sentía sola y desarmada. Me lo dijeron sus manos sin pronunciar tan siquiera una palabra.

En poco tiempo sus ojos liberaron una lágrima y mientras recorría el breve espacio de su cara escribía en sus mejillas que el amor de su vida ya no estaba. Me lo dijo con sus ojos, me lo escribió a través de sus lágrimas y yo, completamente mudo comprendí sin escuchar ninguna palabra.

Nos cogimos de nuestras manos y se incorporó para estar de pie, los dos solos, sin que el espacio y el tiempo importaran. Nada fue pensado, nada fue preparado y nuestros brazos se entregaron en un abrazo de esperanza. Ella lloró amargamente entre mis brazos y con sus abrazos, sus lágrimas y su mirada me dijo que a pesar de todo yo era como su hada.

Se dio la vuelta y volvió a mirar a su ventana pero su espalda estaba erguida, sus manos ya no temblaban, su respiración era tranquila y sin mirarme me dijo que seguiría viva, que soñaría despierta, que lucharía dormida, que viviría nuevamente con la fuerza que yo le daba, me dijo todo eso, con su cuerpo, apretando los puños, sin pronunciar ninguna palabra.

Comencé a caminar hacia la puerta intentando no sobresaltarla pero ella volvió su cabeza y con sus manos me dijo que parara. Me detuve bruscamente, tan torpe como unos minutos antes y su mano volvió a decirme desde lejos que no me marchara. Se dibujó una sonrisa en su mirada y mientras caminaba me dijo que ella también estaría a mi lado si yo lo necesitaba, sin despegar sus labios, sin pronunciar ninguna palabra, tan solo me lo dijo con el lenguaje de su mirada.

Ella sonreía, feliz, tranquila y sosegada, su mirada mantenía tintes de tristeza pero su expresión reflejaba la determinación de alguien que ya luchaba diciéndome con sus ojos que yo debería seguir luchando por esa estrella a la que tanto amaba.

Me besó en la mejilla y nuevamente entendí sin ayuda de las palabras que tenía el coraje de su amistad grabado en el fondo de mi alma.

Desde aquel día comprendí que no siempre hacen falta las palabras, que las miradas hablan, que las mejillas nos enseñan, que las manos nos transmiten y que los abrazos nos confiesan todo el interior de nuestra alma. Comencé a aprender el lenguaje de los cuerpos y que más allá de las palabras está nuestro corazón, nuestros labios, nuestros ojos, nuestros dedos, nuestros hombros, nuestra cara, el profundo tesoro que sale desde nuestras entrañas, quiero seguir aprendiendo a leer, a escuchar, a comprender más allá de las palabras.

Fue una tarde como cualquier otra tarde de mi vida en la que aprendí, sin necesidad de escuchar nada, que existe el lenguaje de los cuerpos que en ocasiones comunica más profundamente que nuestras palabras.

 
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Publicado por en 14/12/2011 in Prosa poética

 

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Volátil

Volátil, tan volátil como el silencio, volátil como una mirada, volátil como el viento. Una hoja de papel cayendo lentamente sin temor al precipicio se apaga volátil como los guiños de unos ojos secos.

Se derrama el espíritu impregnándose de un polvo volátil y eterno, capa gruesa que envejece la más fina piel agrietada como tierra seca. Volátil sin saberlo, volátil en silencio.

Un grano de arena que repetido por el misterio de millones de clones, desaparece y aparece en un vuelo incontrolado, sin rumbo ni horizonte, sin destino ni remedio.

Volátil el viento, tu mirada, las voces del pasado que suenan y desaparecen en la inmensidad de pesados recuerdos.

Volátil  la tierra, el agua y el fuego, volátil mi pisada, volátil los sentimientos que de tanto desearlos se apagan por un esforzarse tras el viento.

Volátil, ligero, inestable, pasajero, como un ave que flota en el cielo, entre pesadas nubes, entre ligeros miedos que con el frío se convierten en nieve para caer volátil como el hielo.

Volátil como la imaginación, como la fantasía, volátil como los latidos, como el campo imantado que pierde energía cada vez que atrapa un corazón de hierro fundido.

Etéreo, sutil, aéreo, arquitectura volátil hasta el final del tiempo.

 
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Publicado por en 06/12/2011 in Prosa poética

 

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These are the days – Jamie Cullum

Puede que sean simples pinceladas de color en medio de un lienzo ennegrecido por el tiempo, por estar expuesto a la intemperie. Puede que sean un guiño en la mirada de unos ojos agotados o puede que sean una nota de música que sobresale del atormentador ruido del silencio, pero sean por lo que sean, ahí están, días que son especiales y que como un vaso de agua refrescan el alma del más sediento.

La vida será complicada, que lo es, pero por días así merece la pena seguir viviendo aunque sea arrastrando la mochila de los recuerdos. Son esos días que te dan combustible para aguantar al hombre del saco o dicho en términos actuales, la prima de riesgo que nos asusta.

Hoy Jamie Cullum con una hermosa canción para un domingo más, uno que suma en lugar de restar ilusión. “These are the days” o dicho en román paladino “Estos son los días” and I feel fine.

Ahí queda eso. ¡Feliz Domingo!

 
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Publicado por en 04/12/2011 in Domingos musicales

 

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Ser o renunciar a ser

Cuando si expresando lo que sientes, cómo te sientes, la gente se aleja de ti entonces la esencia de ti mismo es la que te aleja de los demás. Si por evitar alejarte de los demás escondes tu ser, la soledad se termina convirtiendo en tu mejor consejera, en tu mejor compañía y en la realidad de tu vida, buena o mala, pero la única.

Ser uno mismo no es fácil y no lo debe ser cuando una gran parte de la sociedad, (no he hecho estadísticas, pero todos coincidimos que esto no es una leyenda urbana) suele esconder su verdadero personalidad para no ser rechazado, para formar parte de un círculo del que deseamos no perder contacto. Es el precio que pagamos por no estar solos, el precio de nuestro ser, la moneda que damos a cambio por huir de la soledad, para no quedar excluidos y ser aceptados dentro de los cánones de comportamiento esperados.

Duele que por esto puedas perder a quienes quieres pero quizás sea engañarse a uno mismo mantenerlos cerca a expensas de tu auténtica realidad. Posiblemente si te conocieran dejarían de quererte, al menos de idealizarte, y comprenderían que finalmente pueden prescindir de ti.

Pero no me cabe la menor duda, es imposible hablar de tal manera que no se pueda ser mal interpretado y creo que cuanto más hablo y escribo, peor lo hago y menos se me entiende, así que esta reflexión acaba aquí, entre la duda y la necesidad de ser yo mismo, de no perder mi identidad aunque esta, finalmente, no resulte del todo atractiva, especialmente para aquellos que quieres.

 
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Publicado por en 23/11/2011 in Reflexiones

 

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Por el miedo a equivocarnos – Maldita Nerea

Maldita Nerea

¡¡Se nota, se siente, Ulysshes presidente…!!, ¡vaya!, el tema electoral provoca desvarios en mi subconsciente un tanto absurdos. En cualquier caso si hay algo que se nota es que soy un simple en mis gustos musicales, o al menos así me definen algunos de mis “elegidos” conocidos, expertos musicales donde los haya (sin coña), y de un conocimiento musical que se me escapa.

Pero por una vez y sin que sirva de precedente, además de colgar una canción puramente comercial, confieso que la he elegido gracias a mi marcado lado femenino, dicho de otra manera, he elegido esta canción por la letra. ¡Qué!, ¿a que suena raro? ¡un tío que se fija en una letra!. Rara avis que diría el sabio.

¡Pues claro! de cuando en cuando uno se deja llevar por el contenido y significado de unos versos sencillos, musicales y muy pegadizos que, con su simpleza dicen verdades como puños.

La canción es del grupo “Maldita Nerea” y la canción una que habla de miedo, de una clase de miedo que atrofia y paraliza, el miedo a equivocarnos. El tema habla del miedo a equivocarse en el amor pero creo que se podría extrapolar a más aspectos de la vida. ¿Te imaginas?, hoy no voto por el miedo a equivocarme, o voy a votar a los de siempre, por el mismo temor, en fin, hay miedos para todos los gustos.

Y dado que no me seduce en estos momentos abundar por escrito más en el tema, lo dejo a vuestra libre interpretación imaginativa, que por lo que parece es MUY grande en aquellos lectores que llegan por aquí para acompañarme, aunque solo sea unos minutos por mi largo y tortuoso viaje a Ítaca.

¡Feliz Domingo electoral y acertado voto!

 
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Publicado por en 20/11/2011 in Domingos musicales

 

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El abuelo, el niño y el burro

Caminaban por un sendero en el bosque un abuelito, su nietecito y un burro. Su pasear era tranquilo mientras disfrutaban del paisaje y del sonido de las hojas de los árboles zarandeadas por el viento. Al llegar al primer pueblo unos lugareños comenzaron a reírse del abuelo mientras le recriminaban que, llevando un burro, cómo era posible que no fuera alguno de ellos montado en el animal.

El abuelo pensó que quizás llevaban razón por lo que decidió subirse al burro ya que sufría de reuma y su edad era muy avanzada. Siguieron caminando tranquilamente por el sendero cuando se toparon con una pequeña aldea muy bulliciosa. Algunas mujeres comenzaron a hablar entre ellas, mirando con ojos de juez al abuelo y una de ellas, la más decidida, le dijo: “viejo, ¿cómo eres tan egoísta y vas tú subido al burro y permites que ese niño pequeño vaya caminando?”. El abuelo no contestó pero le hizo pensar que quizás llevaba razón la mujer, por lo que decidió bajarse del burro y subir al niño para continuar caminando por el bosque.

En el camino se cruzaron con un grupo de hombres que venían de la labranza, al verlos desde lejos comenzaron a comentar audiblemente y el abuelo, que era muy mayor pero que gozaba de un estupendo oído, pudo escuchar cómo criticaban que un jovencito fuera subido al burro mientras un hombre tan mayor caminara a duras penas. Uno de los hombres llegó a espetarle: ¡vaya juventud!, ¡dónde vamos a llegar!.

El abuelo, un tanto confuso en vista de los últimos acontecimientos decidió que en lugar de bajar al niño del burro se subiría con él y proseguirían su camino pensando que había dado con la solución y ya nadie podría criticarle.

A la entrada de su pueblo se topó con un grupo de jóvenes que salían a divertirse y al cruzarse con ellos le empezaron a gritar: “¡maltratador!, ¡no tienes humanidad!, mira al pobre animal ¿no te das cuenta que soporta mucho peso con los dos encima?…, ¡qué vergüenza!”

El abuelo y el niño se miraron y el primero comenzó a reírse sin parar. ¿Por qué te ríes abuelo?, preguntó el niño con gesto de sorpresa. Hijo, ¿no te das cuenta?, hagas lo que hagas siempre habrá alguien a quien no le parezca bien. ¿Sabes?, vive tu vida y no intentes agradar a todo el mundo porque no podrás, el verdadero agrado reside en hacer lo que crees que es mejor sin importar cómo lo perciben los demás.


(Este texto no es original, aunque lo he relatado con mi particular “manera”. No sé de dónde viene pero siempre me sirvió para ilustrar la inexistencia del pensamiento único. Como es obvio el burro se declaró en huelga porque nadie sugirió que fueran el abuelo y el niño quienes lo cogieran, el abuelo se enfadó tanto que cuando le iba a pegar un tiro al burro, le dio un infarto y se murió dos días antes de irse con el Inserso a Benidorm, y el niño, en fin,  se convirtió en un “indignado” y comenzó a manifestarse contra la incomprensión)… ¡Al aire le digo…!

 
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Publicado por en 15/11/2011 in Inverosímiles

 

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Sobre lo que no nos gusta pensar

En los últimos tiempos me vienen sensaciones desagradables que no puedo controlar. Debe ser la edad, siempre lo digo, uno va cumpliendo años y se da cuenta que ha vivido más tiempo del que probablemente le quede por vivir.

Quizás esa es la razón por la que a veces me siento en mi interior como si realmente estuviera viviendo los últimos segundos de mi vida. Pensar en la muerte es un asunto en el que la mayor parte de los seres humanos con dos dedos de frente no piensa y yo, tan vulgar como la mayoría, nunca tuve la costumbre de pensar en aquello que no pude controlar y que, por edad, debería estar muy lejos. La muerte como las meigas, existen pero cuanto más lejos mejor.

No obstante en estos tiempos de meditación y reflexión personal, sin querer, sin premeditación y tampoco con nocturnidad, aparecen como de la nada escalofríos nunca sentidos en el pasado, ni tan siquiera parecidos a aquellos tan duros y desgarradores del momento de la muerte de mi madre.

¿Por qué ahora?, ¿qué pasa por mi subconsciente para mirar, entre la frialdad y el desasosiego, directamente a los ojos de la muerte?. No lo sé, quizás porque me esté planteando que vivo en un momento crucial de mi vida, un momento en el que la expresión “ahora o nunca”, está cobrando más fuerza. Creo que ahora como nunca, el paso del tiempo es brutalmente rápido y que lo que deje para mañana es posible que pueda no hacerlo porque ya no quede tiempo. La rapidez en los cambios, la volatilidad de la vida, de las personas, de las creencias, de los sentimientos, la incapacidad de sujetar algo con vocación de durabilidad, sean posiblemente algunas de las razones que puedan llevarme a esos segundos de ultratumba,  momentos tristes y demasiado resignados.

No me gusta, no me gusta ni un poquito,  y estoy hasta los “mismísimos” de sufrir lo que no acontece. En la vida, solo se vive el presente, el futuro no existe y el pasado tampoco, a pesar de lastrarnos este de alguna manera en nuestro día a día. Mi futuro es el próximo segundo que voy a vivir, ni más ni menos y aspiro a disfrutarlo de la mejor manera que sé.

Cuando nos repetimos que “vida no hay más que una” probablemente estemos diciendo una de las mayores verdades de la historia del pensamiento humano. No hay más y si la hubiera, ese Dios tan distante e invisible que algunos afirman conocer, parece pasado olímpicamente en dejar siquiera algunas migas ciertas que den credibilidad a esa vaga esperanza.

Mientras tanto me uno a la mayoría, trabajo en lo que no me gusta, sin interés e ilusión, intento replantear mi vida social, personal y sentimental para saborear los mejores sabores de la vida, sin pensar en la imposible eternidad de sus consecuencias, el universo está sujeto a un constante cambio, excepto en una cosa, la muerte, esa cabrona nunca cambia. Pero mientras tanto, vivo, y esa afirmación ya es mucho, especialmente cuando en otros tiempos simplemente deambulaba. La vida merece la pena, en todos sus matices, colores y sabores. Pero aunque no me guste pensarlo, en ocasiones la muerte se posa en tu cabeza como un pájaro en busca de descanso, lo único que no le permito es que anide. Ya lo dijo el poeta: “La muerte es algo que no debemos temer, porque mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”…¡vamos, tautología pura!

 
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Publicado por en 12/11/2011 in Reflexiones

 

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